Día de las madres.

Hoy, como todos los días de la madre desde hace un tiempo, vuelvo a hojear el cuaderno de poemas de mi mamá. Ella seguramente no sabe que hago esto, es un secreto entre él y yo. Es una vieja agenda que le regaló alguna amiga alguna vez. Está forrada con tela norteña, casi demasiado colorinche para esconder en sus páginas crípticos mensajes de amor y dolor. A esta altura, por supuesto, tiene las páginas todas amarillas, las cuales ya rendidas, sacrifican los renglones de cada día a la avasallante escritura de mi mamá. Escritura por momentos de letra grande y apresurada, por momentos minuciosa y pequeña, sorteada entre los años, el tiempo y sus sentimientos. Me acuerdo que cuando era chiquita y le agarraba el cuaderno (lo que no era mi culpa recordando la encuadernación de tela colorida y la estatura no tan alta de la biblioteca), me lo sacaba de las manos diciendo que eso era de ella, personal. Como si necesitara que yo también entendiera que por más que yo venía de sus adentros no éramos lo mismo, que ella era y había sido siempre una persona, antes que yo y antes que todo. Por suerte somos personas distintas, a pesar de crecer tan cercanas, y es que ella tenía casi mi misma edad cuando quedó embarazada. Y a veces pienso, cómo pudo alguien como yo, en la incertidumbre y el miedo que es vivir esta realidad, tomar la decisión de hacerse cargo de una vida, tan ajena y tan propia a la vez. Pero si hay algo que he aprendido de ella es que el único motor de esa decisión debe ser, y ojalá siempre lo sea, el amor. El amor por el proceso, por la creación, por el desafío, pero sobre todo el amor por el amor. El amor como fundamento último de acción, como demostración final irrestricta de intereses, liberada de culpas y desbordante de cariño. Es el amor que no somete, que no exige, ni señala, es la posibilidad de la existencia mutua en las más profunda conexión con, a su vez, la libertad del crecimiento. Hay muchas maneras de amar, la de las madres es igual de compleja. Hoy, en este día, le agradezco a mamá por el cariño y el cuidado, que seguramente no podrá ser devuelto, pero que con esperanzas podrá ser compartido, a través de mí y de estas palabras. Gracias por ser amuleto, por siempre saber qué decir aunque hayas creído que no. Gracias por sostenernos siempre desde el amor, la abundancia, la demasía. También por tu vocación que no es más que una extensión de lo que te es natural. Entre colores, sonidos y palabras, atravesás esta vida despiadada, casi siempre con una sonrisa, casi siempre con una humanidad que me cuesta imitar. No hay palabras que digan cuanto te quiero pero por suerte nunca te hicieron falta para entenderme. Feliz día .

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