Dos caras de un mismo poema

Qué hago más que revivir las veces que taché con una cruz tu nombre en mi diario íntimo mental, por un motivo intransigente, banal y completamente falso, con la excusa de poder hacerme la enojada un rato? Qué otra cosa puedo hacer más que confeccionar una colección detallada y específica de todo lo que podría odiar de vos si realmente me lo propusiera? Qué opción me queda cuando no hay motivo suficiente para todo lo que queda? Qué me dejas más que un lugar lleno de telarañas, polvo y muebles desvencijados, con una foto invisible escondida por ahí, que de recuerdo no tiene nada y con la única esperanza de que si junto los suficientes justificativos voy a poder irme sin mirar atrás? Aguardo tu respuesta, saluda atentamente. /////////////////////////////////////////////////// La melancolía nunca fue buena amiga mía. No sé qué hacer con ella, es demasiado devastadora, irrespetuosa. Intento no prestarle demasiada atención, me digo a mi misma que es el estado momentáneo de la vida y no un crucifijo, ni un cimiento humedecido. Pero no hay nada que pueda crecer en tierra árida. Y supongo que ese es mi mayor miedo, que el suelo en el que hago mis rituales de cuidado, en el que entierro mis promesas y palabras descascaradas, esté arruinado por el paso de lo que supo ser. Porque la melancolía allí se pasa el día, vagando por tus suelos, diluviando o quemando todo a su paso, extremos que no dan posibilidad a la vida. Y lo veo en tus ojos, en tu silencio, tan amable, tan tímido, tan deseado. Dicen por ahí que son lo que dejamos que nuestros miedos hagan de nosotros. Te propongo un plan.

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